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El contexto
Dream Vacation opera en Tenerife, donde compite con miles de listings genéricos que reducen el alquiler vacacional a una transacción. El reto no era atraer turistas a la isla —ya vienen— sino justificar el valor premium de sus propiedades frente a un catálogo masivo donde todo se ve igual. La marca no diferenciaba, no construía deseo y no anclaba la experiencia al territorio.




